Maravillosa Cotidianidad
Veinticuatro horas hacen un día,
entre horas de descanso, horas de
trabajo
y unos cuantos trozos de cielo se vive
la vida.
Hay que hacer de cada instante algo
especial
salirse de la rutina y dar siempre un
poco más;
Lograr que el apasionarse por la vida se
de como algo natural,
Porque hacer las cosas con amor siempre
da una satisfacción total.
Dios nos da la bendición de un día más,
y al abrir los ojos la esperanza de
volver a empezar.
Los rayos de sol que caen dulcemente en
nuestro mirar,
el agua sobre nuestra piel que nos viene
a refrescar,
el viento que juega con nuestro cabello
y no lo quiere soltar,
Las nubes con sus diferentes formas que
parecen no acabar,
la luna que con su luz a la noche puede
iluminar,
las estrellas en el cielo con su brillo
sin igual,
y ese sueño que por la noche casi
parecía real.
Aquellos extraños a quienes les gusta
ayudar,
los lugares frecuentes que ya son parte
de nuestro andar,
y la tierna mirada de un niño que no se
puede olvidar.
Aquellas motivaciones que nos impulsan a
continuar,
esas melodías que nos encanta escuchar,
las delicias que solo la boca puede
saborear,
esas buenas carcajadas que podemos
disfrutar,
y lo que toca al corazón y nos hace
suspirar.
Porque ningún día pasa sin novedad
desde que dejamos la almohada
y hasta que nos volvemos a acostar;
y en cada sueño que tenemos
ya sea dormidos o despiertos
o con los ojos entreabiertos;
o hundidos en nuestros pensamientos;
o con la mente en cualquier lugar.
Tenemos esto ahora y lo vamos a
aprovechar
disfrutando cada día de la maravillosa
cotidianidad,
ahí se encuentra el secreto de pequeñas
dosis de felicidad.
© 2015 Rosa Maria Mendoza Barcenas.

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